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01/03/2016 Samuel Vicuña, el joven actor que interpreta a Martín Larraín en “Aquí no ha pasado nada”

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Samuel Vicuña es un actor de 24 años oriundo de Cachagua, exclusivo balneario chileno donde se desarrolla la película Aquí no ha pasado nada de Alejandro Fernández Almendras, estrenada en el Festival Internacional de Cine de Sundance y exhibida en Berlinale Panorama durante el mes pasado. Se trata del debut de Vicuña en el cine, donde tuvo la difícil tarea de interpretar a Manuel Larrea, el personaje inspirado en Martín Larraín, hijo de Carlos Larraín (ex senador de Renovación Nacional (RN) partido conservador chileno), quien junto a sus amigos se vieron involucrados en un juicio por atropellar mortalmente a un hombre bajo los efectos del alcohol. Tras una serie de irregularidades legales, el joven fue el único de los imputados en ser absuelto de todos los cargos, marcando un oscuro hito para la justicia chilena.

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-¿Cómo llegaste a participar en esta película?

-Yo estuve en el proyecto desde el principio. Estudié actuación en Inglaterra en la International School of Screen Acting y conocía a Agustín Silva desde mucho antes. Un día estábamos jugando a la pelota en la playa y me contó de este proyecto, y les ofrecí ayuda de inmediato porque yo soy de la zona de Cachagua. Después me contactó el productor Augusto Matte, nos tomamos una cerveza y me explicó que era una película a pulso, sin muchas lucas, y los ayudé desde el comienzo con algunas locaciones y logística del rodaje. Después estuve en las audiciones en Santiago, ayudando en las escenas y asistiendo a AFA (Alejandro Fernández Almendras), hasta ese minuto no sabíamos que finalmente yo haría el papel de Manuel Larrea, que está inspirado en Martín Larraín.

¿Y cómo fue interpretar al chico malo?

– Fue difícil, intenté buscar información sobre Martín Larraín y resulta que después de todo el incidente es un personaje súper reservado. Sólo logré dar con un fragmento en video del juicio, donde él aparece de espaldas dando su testimonio, y algunas imágenes de él saliendo del juicio. Igual pude inspirarme en el mundo high class que viene a veranear a Cachagua en verano, me tocó rodearme muchas veces de gente que viene de colegios pitucos, me sirvió mucho eso para construir el papel.

¿Tú vives en Cachagua?

– Viví desde kínder hasta 2º Medio, pero después me vine a Santiago, sabía que quería estudiar actuación y eso sólo lo podía hacer acá.

-¿Grabaron la película en pocos días, fue muy intenso?

– Sí, pero al mismo tiempo eran profesionales súper capacitados. Imagínate el elenco: Paulina García, Luis Gnecco, Alejandro Goicc, y el talento que tiene AFA para dirigir. Fue vertiginoso, rápido, intenso, y obviamente tuvimos varios problemas durante el rodaje, como en cualquier producción, pero en general fue reconfortante, hicimos un muy buen equipo.

-¿Cómo te relacionas tú con los temas que propone la película: el poder, la impunidad?

Me ha tocado relacionarme con gente así en mi vida, con mucha plata, con mucho poder, impunes ante la ley. Mi familia es distinta, mis papás son pintores y de alguna manera escaparon de eso para venirse a vivir a Cachagua. Creo que en el caso de la película, estos jóvenes también son víctimas de su entorno. El personaje inspirado en Martín Larraín no creo que sea el malo de la película, son las circunstancias que le tocó vivir, más el status social de su papá (ex senador Carlos Larraín). Fue un accidente después de todo, pero fue tratado de forma muy turbia porque esa gente está acostumbrada a resolver las cosas así. Creo que el verdadero mal es la injusticia en el sistema legal, la cantidad de plata que tienen en los bolsillos en un país desigual como Chile.

-¿Qué pensaste cuando viste la película?

-La foto la encontré preciosa, con la precariedad que se trabajó quedó realmente genial. Por lo demás, no hubo tantas sorpresas, estuve actuando en la mayoría de las escenas y en las que no, también estuve colaborando en producción, logística, en las películas chicas todos hacemos de todo.

-¿Cómo crees que será la reacción del público chileno?

-Va a haber de todo. Es una película que hace falta, por el tema que toca, muestra el lado b de una realidad y uno no está acostumbrado a ver ese aspecto más oscuro. Al final tiene que ver con las clases sociales, a los más acomodados no les gusta ser criticados, se bancan muy mal que se les muestre tal como son, basta ver las reacciones ante lo que pasó con el humor en el Festival de Viña. A la clase alta le cuesta mucho hacer un mea culpa.

Por Roberto Doveris

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