13/08/2014 Cristián Jiménez alza su voz en off al mundo

Con un doble estreno internacional recién anunciado, y que ocurrirá casi simultáneamente en dos continentes, el tercer largometraje de Cristián Jiménez (“Ilusiones Ópticas”, “Bonsái”) será exhibido en TIFF y formará parte de la selección oficial del prestigioso Festival español en San Sebastián durante este mes. La cinta, protagonizada por Ingrid Isensee, muestra las fracciones y reencuentros de una familia que vive en Valdivia, al sur de Chile, interpretada por Paulina García, Cristián Campos y María José Seibald, contando con la participación especial del actor franco-cadaniense Niels Schneider (“L’age atomique”, “Les Amours imaginaires”).

Cristián, “La voz en off” ya es tu tercera película y nuevamente está asentada en Valdivia, es tu principal fuente de inspiración?

No realmente. Antes de empezar a hacer películas, iba poco a Valdivia y siempre de vacaciones o a visitar a mi familia y “Desde el tesoro de los caracoles”, paso a paso, me he ido reconectando con la ciudad, pero más que una fuente de inspiración, creo que lo he experimentado como volver a los lugares de siempre y mirarlos de nuevo, pero de otra manera, como un descubrimiento que tiene lugar a través de las películas. De todas formas, no me opongo a hacer películas en otros lado y de hecho tengo varias ideas en carpeta que no transcurren en Valdivia.

Es inevitable notar que el personaje de Ingrid Isensee, al igual que ella en la vida real, también trabaja haciendo locuciones para publicidad. ¿Fue un guión escrito para ella?

Si, de hecho la razón de que Sofía (el personaje) empezara a hacer locuciones proviene de esa inspiración. Casi toda la escritura la hicimos con ella en mente. Lo primero que tuve fue el título y la idea de hacer una película sobre una familia, donde lo que está en juego está ligado a un relato en crisis,y después vino la historia propiamente tal. También la idea de poner a María José Seibald como Ana surgió bastante temprano en la escritura de guión.

Hay algo muy presente en tus películas, y es que la adultez está siempre retratada como una especie de derrota, aunque visto con algo de ironía… te pasa a ti personalmente? sentir que al crecer vas perdiendo cosas?

Creo que soy alguien bastante pesimista por naturaleza, siempre tiendo a pensar que todo va a salir mal, pero a veces logro sobreponerme. No me espanta la idea de derrota, en todo caso, ni me obsesiona o fascina la idea de ganar. Supongo que siempre se gana y se pierde algo en el devenir de la vida. Siempre se sacrifica o se pierde algo, también cuando se gana. Nos vamos siempre desprendiendo de algo que apreciábamos, en el camino de convertirnos en otra cosa o de simplemente tomar un determinado camino, independientemente de que hayamos tenido muchas opciones o casi ninguna.

Con los años creo que uno se va poniendo más moderado ante el sentido de cualquier derrota, o incluso de cualquier victoria. Todo cobra perspectiva y el humor creo que se pone más ácido. Quizá es por familia, mi abuela cada año que pasa se pone más ácida en sus chistes.

Me gustan las líneas narrativas que hay en la película, son muchas y se mezclan de manera muy inteligente. ¿Es fundamental para ti ser guionista de tus películas? ¿Escribirías para otros directores? ¿Dirigirías guiones ajenos?

En general, aunque no lo intente, no me funciona tan fácil armar guiones simples… del tipo un personaje, un conflicto, un antagonista, un obstáculo, giro, giro, resolución. Salvo que sean guiones por encargo.

Suelo empezar con fragmentos que tienen algo en común, y voy ligándolos, hasta que en el ensayo-error va apareciendo un hilo que hace las conexiones. Eso que liga puede ser dramático, pero también algo más intelectual o más concreto.

En principio te diría que sí, que sólo dirigiría mis guiones, pero en la tele dirigía guiones ajenos y fue una muy buena experiencia y justo ahora tengo un proyecto de cine (con Alicia Scherson y Alejandro Zambra) en que no estoy escribiendo yo el guión. Sí participo un montón del proceso de escritura y doy indicaciones más o menos precisas, pero no he escrito ni una sola línea y todos sabemos que escribir no es dar ideas ni supervisar, sino que sentarse y escribir. Usar las manos, o dictarle al app del teléfono, pero finalmente un oficio concreto y material.

O sea, volviendo a tu pregunta, puedo no escribir si tengo un cierto control sobre la historia. Por ejemplo, empecé trabajando en cine escribiendo para Andrés Waissbluth, y desde entonces he escrito o colaborado como asesor en un montón de proyectos bien diversos, desde cortos o largos más o menos arthouse, hasta sitcoms y películas comerciales como las de Kramer.

A pesar de que “Voz en Off” no es una adaptación literaria como “Bonsái”, sigue preocupándote la reflexión sobre la narración, sobre la ficción… ¿Hay una cierta afición literaria que se manifiesta en tu quehacer como director?

Siempre me he sentido muy atraído por las historias en que el relato mismo es un tema o es un problema… no sólo como director sino también como espectador. No sé si tiene que ver con una afición literaria, pero es posible que sí. Cuando era chico me encantaba contar chistes y en mi familia hay bastante talento para contar historias en la mesa, o recordar episodios con ese toque especial que supone añadir o quitar elementos, o hacer pequeños énfasis que hacen que una anécdota se convierta en una mini intriga.

Sí me interesa mucho el poder del relato, y la necesidad que tenemos de ficciones varias, que a menudo se pone de manifiesto cuando alguna de esas ficciones se nos derrumban. A veces incluso son fantasías de frentón, la ficción juega muchos roles en la realidad.

También me interesan mucho las incoherencias y las contradicciones que ocurren al interior de esas ficciones. Una vez alguien escribió que en mis películas había una especie de provincianismo-cosmopolita, nunca se me hubiese pasado por la cabeza decir algo así y no sé si lo entiendo del todo, pero la ficción bipolar insinuada ahí me identifica.

Si esa voz en off existiera en la realidad, ¿Qué historia contaría sobre ti? ¿Cómo te presentaría?

Me da un poco de pudor poner palabras en boca de esa voz ficticia para hablar de mí mismo, pero supongo que uno es muchas cosas a la vez y sin duda se asomarían las contradicciones.

Hablemos de la cámara. Es visible que hay un relajo respecto a la forma en que retrataste la historia, se ve más soltura… como si hubieras priorizado la acción por sobre el encuadre, lo que evidentemente en “Ilusiones Ópticas” y en “Bonsái” no era así.

Claro, no es un trabajo de cámara que pasa por la construcción de encuadres tan precisos como en las otras pelis, sino que apuesta más a la respiración y la vitalidad. Por momentos al caos, incluso. Pero para mí, el principal cambio de énfasis en todo caso tiene que ver con el sonido, partiendo por el lugar que ocupan los diálogos en la película, porque a esa mayor soltura en la imagen se acompaña un trabajo de sonido que es muchísimo más controlado y artificial. Es una estructura de realato que está mucho más ligada al sonido.

Esta película es, por decirlo de algún modo, más oral. Los hechos se construyen y viven desde su eco, y ese eco tiene lugar en el diálogo al interior de la familia.

Tendrás un estreno casi simultáneo, en dos continentes diferentes. ¿Cómo se dio esa situación y qué esperas que suceda con la película en el futuro?

Fueron los dos primeros festivales a los que le mostramos la película. Les gustó a los dos y son compatibles entre sí, así que por ahora sólo estoy un poco ansioso y con la adrenalina que implica saber que terminaremos todo apenas un par de días antes de la primera función.

Todo lo que venga de ahí en adelante será bienvenido. Ha sido un proyecto increíble, pero muy difícil también y por ahora quiero disfrutar el solo hecho de haber llegado hasta acá. Me siento afortunado y es una buena sensación.

Gracias Cris, y suerte en Toronto y San Sebastián.

Por Roberto Doveris

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