05/08/2013 Bettina Perut e Iván Osnovikoff exhibirán “Surire” en Carte Blanche de Locarno

“Surire” es el nuevo trabajo de la pareja de documentalistas Bettina Perut e Iván Osnovikoff, un retrato del olvidado y lejano salar donde se posa la mirada incisiva de estos dos realizadores que estarán presentes en Carte Blanche de Locarno. Hoy ambos conversan con CinemaChile y nos cuentan los detalles de su nueva producción.

Para comenzar, nos gustaría saber qué los motiva a desplazarse al norte de Chile y hacer este documental sobre el salar de “Surire”.

Llegamos por primera vez a Surire mientras estábamos locacionando para “Noticias”. Fue como llegar a la luna, por el paisaje, por la escasez de oxígeno y la puna, y por una fuerte sensación de desconexión. En dos días nos dimos cuenta que era un lugar perfecto para hacer una película, para dedicarse a observar con detención ese espacio apartado de lo que llamamos el mundo: era otro mundo. También se relaciona con que veníamos de hacer “Welcome to New York” y nos entusiasmaba mucho la idea de volver a aventurarnos en un territorio ajeno. Y a pesar de lo duro de grabar a 4.300 metros de altura en condiciones climáticas y materiales extremas, nos alucinó descubrir que ahí donde parece no vivir nadie ,existe un universo complejo, conectado con un pasado milenario que se actualiza a cada instante.

Llama la atención el lenguaje utilizado para aproximarse a lo que ocurre en la zona. La observación silenciosa y la composición visual cuidada ya estaba en obras realizadas por ustedes anteriormente, como en “Noticias”, ¿qué los lleva a disponer de esa manera la puesta en escena?

Casi desde el inicio de nuestro trabajo nos ha motivado el desafío de explorar, crecer y apropiarnos de manera cada vez más consistente del lenguaje visual. Por eso progresivamente hemos intentado darle una posición menos privilegiada a la palabra y a las representaciones más convencionales de lo humano. Observar más que hablar, crear imágenes que sugieran lecturas y películas que sean un espacio de experiencia para el espectador. Rodajes que sean una experiencia y una búsqueda, y no un trámite para ilustrar algo que ya está definido en el papel. El lenguaje utilizado en la película es resultado de esa manera de enfrentar nuestro trabajo.

Pareciera ser que entre el gran plano general y el detalle minucioso algo queda ausente: los planos medios, los planos frontales, la aproximación documental estándar. ¿Qué habría en ese intervalo para ustedes? ¿Por qué no recurrir a él?

No es tan así porque sí recurrimos a ese intervalo, lo que pasa es que no abusamos de él y quizás por eso da esa impresión. Nuestra experiencia en el mundo se da en todo tipo de escalas: cuando estamos con la cabeza apoyada en la almohada y nos despertamos, vemos el primerísimo primer plano de la boca, la nariz o los ojos de la persona con la que estamos durmiendo; si estamos en una azotea y miramos el horizonte vemos el mundo en gran plano general. Y ambas escalas nos pueden producir sentido, sensaciones, etc. Entonces, no vemos por qué no aprovechar al máximo esa gama, sobre todo si se transforma en una herramienta que permite enriquecer el lenguaje y al mismo tiempo las formas de pensar lo que se observa.

En la misma línea, el sonido es bastante independiente de los planos. Si bien a veces coincide, también se libera y aparece en off en los planos detalles o los generales. Nos podrían contar sobre el montaje de “Surire”.

Así como en lo visual no nos gusta el abuso de la escala humana en el encuadre convencional, a nivel sonoro la sobrerrepresentación del diálogo es otra recurrencia que tratamos de evitar. En el montaje de “Surire” el sentido está dado por la observación y la puesta en relación de personajes que no necesitan estar hablando para construirse como tales. Cuando uno piensa no está hablando, está mirando, y lo que tratamos de hacer es poner en pantalla esa mirada para sugerir lo que esa realidad nos produce a nosotros cuando la experimentamos. Se trata además de un mundo en el que se vive mucho en silencio y por lo tanto para dar cuenta de él es necesario remitirse a ese silencio.

Con respecto a la relación sonido-imagen, especialmente en referencia a los diálogos, otra de las ventajas expresivas de los planos de detalle y de los planos muy abiertos es que liberan, por ejemplo, de la esclavitud del lip-sync. Y partiendo de ahí uno puede explorar nuevas formas de relación sonido-imagen en todas las dimensiones de lo sonoro, lo que permite trabajar creativamente los materiales. Tampoco se trata de pegar cualquier cosa con cualquier cosa y en ese sentido intentamos ser muy autoexigentes.

Así como en sus trabajos anteriores, podemos ver que la aproximación a los cuerpos retratados es incómoda, hay una apelación directa a nuestros límites de lo que queremos o estamos acostumbrados a ver: sin embargo esos planos hablan y confrontan. ¿Cómo es el proceso de aproximarse a esa imagen velada para ustedes? ¿Cómo lidian con el morbo de querer ver y al mismo tiempo no querer ver eso que molesta?

Para nosotros es muy estimulante estar moviéndonos en los límites entre lo que convencionalmente se muestra y lo que no. Y no por un gusto gratuito por la provocación, sino porque ofrece un campo de exploración audiovisual abierto, casi virgen. Acercarse a un personaje a partir de la observación de sus pies, narrar una situación en función de un cuerpo muerto, o encuadrar la boca de un personaje mientras habla no sólo son desafíos interesantes, sino que te permiten construir lecturas sobre las cosas que escapan a los relatos humanos tradicionales. Para nosotros las cabezas que hablan son al cine como el geocentrismo a la astronomía. Cada vez que encaramos un trabajo partimos por exigirnos una forma de exploración audiovisual que evite la convención, porque es la única manera de que el rodaje se transforme en una exploración. Y finalmente lo que se muestra o no se muestra es algo que se determina en el montaje en función del mundo interno de la película y no de reglas externas absurdas que además caducan con el tiempo.

Gracias Iván y Bettina
Mucha suerte en Locarno

Por Roberto Doveris

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